Celia_Chofré

Celia Chofré Rico

Cementerio de Paterna

FEDERICO RICO CABRERA (Abuelo).
Fusilado el 5 de abril de 1941. FOSA 135.
Dejó viuda, un hijo y dos hijas.

Mi abuela Isabel sacó adelante a su familia, soportando el estigma y las privaciones económicas, arriesgándose en el estraperlo, trabajando en un almacén de naranjas, y mi madre que era la mayor, cosiendo.
Mi otro abuelo, Agustín Chofre Capellino, murió en la cárcel a consecuencia de las torturas. Nunca volvieron a saber de él, hasta que el Fòrum per la Memòria del País Valencià descubrió y documentó las fosas comunes del cementerio de Valencia. Lo habían tirado a la fosa común de la Sección Décima, en la clandestinidad más absoluta. Mi abuela, Cándida quedó en la más absoluta pena i miseria, con dos hijos varones en la cárcel, uno con pena de muerte, otro Alfredo, mi padre, condenado a 12 años. Faltaban medicamentos y buenos alimentos y dos hijas  y un hijo murieron a causa de enfermedades pulmonares. Tanto dolor se extendió hasta nuestra generación, que todavía llevamos la pena dentro. Las descendientes hemos quedado marcadas para siempre, aunque esto, en muchos casos, no nos ha impedido continuar luchando por la democracia, por la igualdad y por la justicia social.
Mi madre era sastra de profesión, además, se dedicaba de forma voluntaria, a asesorar y gestionar las pensiones de los vecinos temporeros en Francia y otros países, que por desconocimiento nadie las reclamaba. También ayudaba a pedir pensiones por discapacidad, siempre apoyando a las personas más vulnerables. Se apoyó mucho en el servicio jurídico de su sindicato CC.OO. Me acuerdo que tenía todos los expedientes en cajas de galletas. Ahora le han puesto una calle en Riola por eso.
Nuestra madre, desde pequeñas, nos llevaba a visitar la fosa 135 de Paterna donde está nuestro abuelo; ella y toda nuestra familia, consideramos que la fosa es un auténtico monumento a la memoria de las víctimas del genocidio franquista, donde se vertió la sangre de nuestro querido abuelo y la de sus compañeros.Respeto a los familiarses que desean exhumar los restos, pero en nuestra família pensamos que si las fosas desaparecen con ellas se borrará el testimonio del crimen que se cometió. Si la gente se lleva sus cuerpos a sus pueblos las siguientes generaciones ya no vendrán aquí. Las familias llevamos 80 años honrando este pequeño territorio que consideramos sagrado y deseamos que permanezca así para ser visitado por la juventud, para que vean por sus ojos lo que pasó.
Para preservar la Fosa 135, hemos constituido una asociación de familiares y nos hemos dirigido a las Administraciones Públicas para expresar nuestros sentimientos y peticiones.

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